Las artes marciales como método para aumentar la autoestima en jóvenes.

Las artes marciales son un gran aliado a la hora de combatir la baja autoestima sobre todo en los más jóvenes. Te explicamos como afectan y cuales son las claves para que nuestros alumnos se sientan mejor consigo mismos.

La práctica marcial, englobada como actividad deportiva, puede conseguir grandes beneficios no solo físicos, sino que también pueden aportar, y deberían, una buena salud emocional en nuestros alumnos. Uno de los mayores problemas de los jóvenes hoy en día son los episodios de acoso que sufren en el ámbito escolar, extrapolándose a veces a otros estratos de su entorno. Cuando nos encontramos alumnos problemáticos, este comportamiento suele provenir de una baja autoestima del mismo. Para combatir estos problemas, como señalan los expertos, debemos tener jóvenes con confianza en sí mismos y con alta autoestima que sepan sobreponerse al fracaso en vez de sentir frustración ante el mismo o que se sientan seguros para comunicárselo a un adulto.

Clase de kárate cadete.

Las artes marciales como terapia a la inseguridad.

Una de las claves que nos ofrecen las artes marciales, que pueden ayudarnos en nuestro objetivo, es la superación o consecución de metas. Esto quiere decir que es un deporte ideal para que el alumno vaya superando pequeñas metas dentro del mismo. Esta actividad lo dotará de confianza al verse capaz de hacer cosas que hasta hace unos pocos días o meses no podía realizar con éxito. Por ejemplo, el sistema de cinturones instalado en la mayoría de sistemas de combate, no es solo un reconocimiento al rango dentro del dojo, sino que, además, es un premio a un trabajo bien hecho. Pasar de un cinturón blanco, a un blanco-amarillo (o amarillo), es una meta cumplida con éxito. Cuanto más escalen dentro de la misma, mejor se sentirán y más motivados estarán para continuar.

Ejemplo de sistema de cinturones.

El refuerzo positivo.

Muchos son los estudios que abalan el refuerzo positivo dentro de cualquier actividad formativa. El refuerzo positivo hace referencia a alabar la actitud o el aprendizaje, por encima del resultado, es decir, se mira más en el proceso de realizar la tarea que en el resultado final de la misma. Por ejemplo, un alumno de judo podría estar aprendiendo a caer correctamente al suelo, si focalizaramos solo nuestra atención como maestros al resultado final, ante un alumno novato, posiblemente, nuestra respuesta sería «lo estás haciendo mal, así no se hace», desmotivándolo profundamente y produciendo un rechazo por la actividad. Sin embargo, si focalizamos esa atención en el proceso, es decir, en su esfuerzo y lo premiamos con un refuerzo positivo del tipo «Venga, muy bien, vamos a repetirlo que lo estás haciendo genial». Nuestro alumno, se sentirá motivado y confiado para seguir intentándolo y hacerlo cada vez mejor. Mejorando así, también su autoestima.

Clase de Judo Infantil

Por lo tanto, podemos llenar nuestro tatami con alumnos con confianza en ellos mismos, trabajando la autoestima ya de paso. Te dejamos unas cuantas claves para aplicarlas dentro del dojo:

  • Poner metas realistas y posibles de conseguir por nuestros alumnos.
  • Poner tareas durante las sesiones con dificultad ascendente, de muy sencilla a más compleja, para que al superar las primeras, se sientan con mayor confianza para poder afrontar las más difíciles.
  • Uso del refuerzo positivo por encima del castigo.
  • Evitar las comparaciones.
  • Valorar positivamente el camino y no solo el resultado final.
  • Tratar de manera cercana y con respeto.

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